Melena de león y memoria en adultos con deterioro cognitivo leve
Phytotherapy Research · 2009
En 30 adultos de 50 a 80 años con deterioro cognitivo leve, 3 g diarios de melena de león durante 16 semanas elevaron los puntajes cognitivos frente al placebo. Al suspender la toma, la ventaja se perdió en cuatro semanas.
Es el estudio más citado sobre melena de león y función cognitiva, y casi dos décadas después sigue siendo la referencia obligada. No porque sea grande —no lo es—, sino porque su diseño permitió observar algo que pocos trabajos capturan: qué pasa cuando se deja de tomar.
Por qué importa
La melena de león se popularizó por sus compuestos —hericenonas y erinacinas— que en laboratorio estimulan la producción de factor de crecimiento nervioso. El salto de ahí a “mejora la memoria en personas” es enorme, y este fue de los primeros intentos serios de darlo con método.
Cómo se hizo
Treinta adultos japoneses entre 50 y 80 años, con diagnóstico de deterioro cognitivo leve, se repartieron al azar en dos grupos de 15. Uno recibió cuatro tabletas de 250 mg con 96% de polvo seco de melena de león, tres veces al día —unos 3 gramos diarios— durante 16 semanas. El otro recibió placebo idéntico. Ni participantes ni evaluadores sabían quién recibía qué.
La función cognitiva se midió con una escala basada en la Escala de Demencia de Hasegawa revisada (HDS-R), un instrumento estándar en Japón. Se evaluó en las semanas 8, 12 y 16, y otra vez cuatro semanas después de terminar.
Qué se encontró
El grupo de melena de león obtuvo puntajes significativamente mayores que el placebo en las tres mediciones: semanas 8, 12 y 16. La diferencia además creció con el tiempo: entre más semanas de consumo, mayor la brecha.
El dato más interesante llegó después. Durante las cuatro semanas siguientes a suspender la toma, los puntajes del grupo activo bajaron de forma marcada. Esa caída es lo que hace difícil atribuir la mejora al azar o al simple hecho de repetir la prueba: si fuera efecto de práctica, los puntajes habrían seguido subiendo.
Los análisis de laboratorio no mostraron efectos adversos.
Qué no mostró
No midió si esas personas funcionaban mejor en su vida diaria, ni si el deterioro se frenó a largo plazo. Una escala cognitiva es un examen, no una medida de autonomía.
Cómo leerlo
Treinta personas es una muestra pequeña, y la población era específica: adultos mayores con deterioro ya diagnosticado. No se puede extrapolar sin más a alguien sano de 35 años que quiere concentrarse mejor.
Lo que sí aporta es un patrón limpio —el efecto acompañó al consumo y se fue al dejarlo— y una dosis de referencia: 3 gramos diarios, sostenidos durante meses, no días.
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